EDITORIAL de ABSENTA POETAS Nº14

  Aquellos días llegaban impregnados de una efervescencia
especial, eran pura adrenalina. Estaba claro cuál era el camino a
seguir, muy claro, tan solo había que mantener el pie a fondo en el
acelerador y el rumbo fijo, todo lo demás vendría solo. Los recuerdos
no pesaban porque el tiempo los fue colocando en su sitio, igual que
los libros viejos, los discos o las películas. Con el carnet de identidad
bien definido, somos de la vieja escuela, los vinilos se convirtieron
en cedés pero llevan el mismo título, la biblioteca acumula el mismo
polvo que entonces y los fotogramas siguen oliendo a celuloide color
ámbar que se prende a ritmo veloz. Las hostias al morro no dejaron
las cicatrices esperadas y las tallas se mantienen en su sitio. Así de
esta manera las horas contadas dejaron de serlo, lo mismo que las
hojas de calendario. Ahora que el teléfono sigue sonando, las cuerdas
siguen afinadas y el verso es verbo que cuenta historias reales, los
poetas de este club continúan sin mirarse al ombligo porque prefieren
ver moverse los zapatos, conscientes de que cada paso adelante es tan
necesario como no volverse atrás, ni fijarse demasiado en el pasado.
Absenta Poetas diez años de guanteras con papel de aluminio, con las
ruedas hinchadas, bajo el humo del tabaco que continúa ardiendo,
sacando brillo al vidrio de botellas vacías, con los pies en la tarima
de escenarios ya conocidos. Las huellas que quedan son testigos
perennes para tiempos venideros y los kilómetros recorridos ayudan
a poner los marcadores a cero, así con la vista puesta en lo que queda
por llegar volvemos a vernos sobre estas líneas...

El Padrino

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