CIERTOS GRITOS de ALEJANDRO REBOLLO


Su voz sonaba a amanecer quebrado,
a canto de pájaros húmedos dentro del verbo,
y los cipreses necesitaban de luz.
Un cristal de manos grises que riega la noche.
Lo mismo que ciertas voces viejas;
hablando de belleza y muerte.
¡Qué bello es reír de lágrimas!
O llorar de risa,
o matar de amor a las flores.

Siempre estará el día en que nos conocimos,
en algún rincón dentro de gotas de agua.
La lluvia tiene miedo a las alturas,
aunque resulte irónico como la sonrisa de los cuervos.

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