FUNERAL DE LA URBE MUTANTE de MAXI DE LA PEÑA


Nos asfixiamos en esta densa nube.
Sí, la visión de esta ciudad
es deforme, burocrática, sesgada.
Todo lo que causa confusión deliberada
nos convierte en horribles monstruos,
caminamos entre una espesa niebla
que nos ciega en la manzana
de colmenas de semblante soviético.
Hay tanta fealdad heredada que distinguir
una cucaracha aplastada, por una brutal hoja,
de una persona diminuta en peligro de extinción,
lo deciden los buitres que sobrevuelan
las calles laberínticas de nuestras mentes enfermas.
Los carniceros sociópatas se mudan
a cualquier despacho donde se puede
retorcer nuestra existencia.
Obedecemos hacinados en un matadero
de hormigón y árboles artificiales.
Tic tac, tic tac...
Somos óbitos alineados en el mortuorio
envueltos en sábanas claustrofóbicas.
de un hospital privatizado.

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