ODIO LAS CIUDADES DE CARECEN DE PIEDAD de Oscar Domínguez

Odio a las ciudades que carecen de piedad,
que se levantan serias
con ese sabor metálico de la discordia
y los ojos enrojecidos de los lunes.

Un poeta escribe del mañana
con el hoy suspendido
en un punto y aparte
sin más reglas que la imaginación
y la realidad reprimida en los labios.

Las calles son a veces desiertos y otras selvas.
Hay sueños de cristal orgánico
y besos que rompen mi columna en dos
con la piel reflejada en el espejo
de los rencorosos.

Odio a las ciudades que carecen de piedad,
que te miran altivas desde sus tejados
como gigantes que se hacen pasar por molinos,
como la voz del lobo
en la piel del cordero
sonriendo por un agravio comparativo.

Busco laberintos sin nombres mitológicos.
Porque siempre la realidad supera la ficción
y no todos los héroes
son de Marvel o temen la Criptonita.

Un poeta escribe del pasado
creyendo en el futuro
con los ojos abiertos,
con tu risa clavada en mi verano
y el amor pendiente para septiembre.

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