III de ALEJANDRO REBOLLO


Perduraban los dolientes
enjuagando sus pies tristes
solicitando una estrella,

Naufragando su Jonás
engullido con el mundo
pereciendo en la ballena.

Yo, que a veces, abandonaba
tus átomos y tus células
quería arrojar metafísicas

Repartía mis maldades.

Y en la cena un Cristo herido
enjuagaba sus pies tristes.
Preguntó: ¿puedo arrojarme?
En otro cuerpo, en otro, en otro.
tengo miedo viernes santo.

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