VERSOS (II) de ALEJANDRO REBOLLO

II
Pequeña silva
ya bajaba la tarde
por su camisa desabrochada
sus luces ya encendidas,
y en un adoquín, reflejos tardíos
pálidos como un fantasma de agosto;
hundiéndose, en una calle sin gente.

Ya bajaba la tarde
escuchándote cantar
por tus muslos, tu tripa
tus ojos breves de resistencia
ya provocabas a la lluvia, al sol
un delicioso trueno en su boca.

Estallaba la vida
frágil como una flor seca en un libro.
Signo al cristal la parte
de la otra parte tuya
y me dices que a esa altura del tiempo
te sientes inspirada
que ves como un río suena en un bosque
que oyes a las piedras vivir hablando
un idioma oculto en la sed de un siglo.

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