LA PAGINA EN BLANCO, de Pablo Santos

La hoja siempre en blanco,
limpia,
inhóspitamente bella,
incorrupta,
libre de incoherencias,
ácida,
luminosamente lúgubre,
virgen,
pura,
amante de la intención enferma.
La página siempre en blanco,
llena.

DE NOCHE, de Dori Campos

En el vientre hay una sima,
donde quedan agarradas las palabras,
y los nombres se despiertan como pájaros
en árboles a oscuras,
voces al amanecer del sueño escapan de sus dueños,
volando a sus destinos obstinados,
son ese aire que borra desiertos en la piel,
y roza la conciencia distraída,
así como si fueras tú, en mi caverna alucinada.

RECITAL POESIA: IV ESTACION

Con motivo del ciclo "Primavera de poesía" que los Absenta Poetas realizaron a lo largo de los meses de marzo y abril de 2008 en el Café Boliche de Torrelavega (Cantabria), os presentamos el fragmento en el que Isidro R. Ayestarán, ataviado de su personaje Maestro de Ceremonias, recita IV ESTACION, un poema de desencuentros y nostalgias.
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A MI QUE ME QUISE CON LOCURA, de Logan

Hice del onanismo hábito insano
y de mejor compaña mi reflejo
que hizo oídos sordos de antiguos consejos
volviéndome ambidiestro de ambas manos.

Restalla el flagelo de siete colas
en las siete espaldas que dio mi nombre
dejando que el rojo dolor asombre
al que osó dejar mi presencia a solas.

Qué importa ser nada, todo o algo.
Un sabio, cien locos, mil ascetas,
otro tonto que pierde la partida.

Las arrugas definen lo que valgo,
que nada respire entre sus grietas,
mis manos sabrán limpiar la herida.

HERIDAS EN LA SOMBRA (A LA MUJER MALTRATADA), de Angel Gómez del Pozo

Brazos irascibles,
almas desalmadas.
Ojos afligidos,
lágrimas heladas.
Celdas de castigo,
penas solapadas.
Niños indefensos,
madres maltratadas.
¿Qué fue de aquellas niñas
que hablaban con sus muñecas?
¿Dónde están aquellas chicas
que soñaban ser princesas?
Quebrad esas cadenas que os atan,
mostradle al universo las heridas:
las que sangran,
las que se callan,
las del cuerpo,
las del alma.
Se reabrirán los pétalos al viento,
renacerá la arrinconada primavera,
se avivará la sofocada llama,
y el corazón recobrará el latido,
porque disteis tanto amor sin ser amadas
y vivisteis tantas noches sin haber vivido

DESAYUNO, de Marianella

No me mires así,
hoy estoy descalza y lacia
me escondo entre ventanas.
Abro el grifo y me lavo las manos,
que se moje el rastro de tu abrazo
que se deshaga en gotas
que resbale por mi palma.
Abro la ducha pero no me baño
me subo al borde de la bañera
y dibujo tu nombre con las yemas de los dedos
te escribo un poema transparente
y resbalan las letras amorosas
por el azulejo.
Cama blanca para el amor.
Redonda me meto dentro.
No me mires,
no me mires así, semidesnuda,
con la carne blanda y los muslos ateridos.
Pero ella me contesta detrás del espejo
otra, la que no soy, la que fui,
la que no está, la que no vuelve,
la que se pierde rotunda cuando llega a la cocina
con las manos secas y los zapatos gastados
para encontrarte,
trayendo el pan y sonriendo.

CON LA MIRADA PERDIDA DE BETTE DAVIS, de Oscar Domínguez


No sé si fue el calor de los focos

o pensar en la palidez de Bette Davis en Jezabel

no sé si fui Cautivo del deseo

o creí adivinar el Desnudo de Eva en tus ojos.

Pero en el tono de tu voz presiento

a una mujer Peligrosa escondida en una cueva

y en cuya presencia cualquier hombre

se siente como aquel Bosque Petrificado

donde las hojas tiemblan justo antes de convertirse

en alfombra de otoño.

Cuando te vea sufrir, para mí sera una Amarga Victoria

y te convertirás en un decálogo de objetivos incumplidos.

Yo intentaré escribir los versos más tristes esta noche

y serán como La Carta de despedida de un loco indeciso

al que nadie advirtió de las consecuencias de enamorarse.

No sé si será que el mundo se convierte en nitrato

de celulosa y pigmentos de colores

como a veces se adornan los árboles en diciembre

con mentiras redondas y cintas plateadas.

Al mirarme en el espejo me pregunto

qué estarás haciendo ahora

como Robert Aldric se preguntó ¿Qué fue de Baby Jane?

mientras llegaba la caía de una Estrella

sobre una vieja cafetera

que siempre esperaba el saludo de los mismos clientes

cansados de que la felicidad sea siempre como una cita impuntual.

HALCON NOCTURNO, de Isidro R. Ayestarán

Dos monedas en la caja de música del cabaret,
esencia de amor prohibido en el alma,
las lágrimas silenciosas que se citan
en el juego del escondite de nuestro compañero de mesa.

Todos tenemos un Sam que toca nuestra canción,
y el sonido de la noche se ve interrumpido por
el motor del Gran Torino del último y magistral
Eastwood, con olor a voz ronca y rota por algún
amor que se resiste a naufragar en el olvido.

La chica de rojo del fondo no cobrará esta noche,
y sus besos irán envueltos en lazadas de cariño,
quizá porque los sentimientos no conocen de crisis
y porque, realmente, nadie se resistirá a una mirada
certera hacia el fondo de su tercera botella de ron.

Siempre fui evidente, exhibicionista y egocéntrico,
la mala vida siempre me dio la razón en todo esto,
por eso las monedas caen sobre la barra del bar como
terremotos de pasiones perdidas por no decir nunca
“te quiero” si no había flashes de por medio.

Fuera hay noche, color negro, ventanas que se cierran,
y suspiros jadeantes que mueren al filo del segundo polvo;
dentro del Joe´s estamos nosotros, bebiéndonos
el nombre de nuestra historia rota de amor, cabalgando
como solitarios halcones sobre el recuerdo de su mirada…

Y frío, mucho frío en nuestra memoria marchita,
en el aroma de aquellos abrazos de primavera que
murieron al caer la hoja del calendario, en aquel momento
justo en que el portazo certero y cruel del silencio
del adiós dio paso a sus tacones distantes en la noche.

Un whisky doble, amigo, y a la chica del fondo lo
que ella te pida. Qué más da…
Aún tengo un billete en la cartera, junto a su foto,
los versos que le escribí en mis largas noches de bares,
y el sabor maldito del último beso que le lancé a los labios.

Tal vez diga su nombre al compás de la última copa,
de la enésima noche que la persigo,
de aquel poema enfermizo que se titula como ella.
… Qué más da. Todavía falta mucho para que amanezca…
de su obra "EL CABARET DE LOS SUEÑOS"

NUBES MALDITAS, de Juanjo Galíndez

Sólo quiero amparar
mi alma
lejos de la niebla
de la que
fuimos partícipes.

Derribar el pasado
sobre sus desdichas
y construir un mundo nuevo.

Corregir la carga
en la que se convierten
todas nuestras intenciones.
Enderezar mi vida,
encarrilar mi muerte.

Quiero abarcar
la esperanza de tenerte,
y con fe
mostrar la luz
que nos comprende.
de su poemario "La torre del verbo"

MIS DIAS (SIN TI), de Alen Kerish

"Siempre se me han dado mejor los libros que las personas, porque cuando dejas un libro olvidado en un cajón sabes que estará allí cuando vuelvas a buscarlo"

Unos días fumo
porque en el Infierno
todo el mundo me da fuego
y no voy a hacerles un feo
no sea que se cabreen
y me deporten al Cielo.

Otros días bebo
para paliar los aguaceros
y evitar que llueva sobre mojado,
a menudo invito a mis recuerdos
pero como no aguantan nada
pues se emborrachan. se olvidan de todo
y no vuelven en una temporada.

Algunos días discuto
por la manía que tengo
de decir siempre lo que pienso
(aunque sea cierto)
acabo mal con todo el mundo
hasta que pasado un tiempo,
entre bromas, nos reconciliamos
y un buen día, vuelta al ruedo.

Hay días que me entristezco
y hago muchos aspavientos
mientras me quejo y me quejo,
suelen ser problemas
que solucionarían una llamada,
o más bien, unas cuantas
pero ya he quemado muchas tracas.

Ya llevo quinientos días
escribiéndote poemas,
y todas las madrugadas
te sueño sobre mi almohada
y me despierta tu ausencia
en las noches cerradas
vacías, de lunas llenas.

Unos días fumo,
otros días bebo,
algunos discuto,
y hay días que me entristezco,
pero sobre todo,
todos, todos los días
te echo de menos.

Para ti, Marian...
... un rayo de luz en un mundo de tinieblas.

PEQUEÑOS VICIOS, de Mikel L.P.

Recorriendo,
antiguas caricias y mentiras
el sinsabor
de los tantos pasos perdidos
me veo,
desgranando
el pequeño vicio del desamparo
que me retorna
al sabor del primer cigarrillo,
apresurado,
como un beso prohibido y furtivo,
consumido
apagado y tirado
en la acera donde ahora camino.

VAGABUNDO, de Javier Perales

Sorprendo a mi rol de vagabundo
en festiva tarde de difuntos,
visito las calles prohibidas,
están inanimadas y pétreas,
construyo un puzzle vivo
de huellas y restos esparcidos,
retazos de tu fugaz presencia.

YA ESTA DISPONIBLE EL Nº 4 DE ABSENTA POETAS, la publicación irregular de Cultura Subterránea


EDITORIAL

Solían pasear juntos de la mano, por las avenidas de una antigua ciudad, de esas capitales con historia en cada piedra y en cada esquina. Conversaban animadamente entre miradas de complicidad, besos y caricias a plena luz del día y al relente de la noche. También, como no, eran amigos de momentos más íntimos de alcoba y puerta cerrada, secretos de dormitorio. Lo compartían todo incluso con los demás; hemorragias de felicidad y marejadas de plenitud de las que hacían hincapié a todos aquellos a los que se acercaban. Eran el complemento perfecto uno del otro; ella una belleza natural, cristalina, capaz de llenar con su figura los relieves y matices del retrato más exigente, parecía la reencarnación de una dama blanca, una diosa de la mitología celta. Esta armonía se reflejaba de igual manera en los caracteres de su personalidad cargada de virtudes y destellos a ensalzar.

El era un virtuoso, un genio de la sofisticación dotado con las manos de un creador, capaz de hacer realidad el milagro del pan y los peces, de dar vida a un ídolo de barro o de animar con hipnóticas melodías las paredes inertes de cualquier estancia.

Nadie sabe lo que pasó, cómo y porqué la luz se fue haciendo penumbra y después sombra, pero sin remedio llegó el tiempo en el que se distanciaron el uno del otro. En definitiva no hay que darle demasiadas vueltas, tan sólo, pensar en que ambos eran de carne y hueso. La ruptura se resolvió como una maldición para ambos, como si por algún motivo, el pecado les hubiera condenado a ser expulsados del paraíso. pero, ¿qué pecado?

Cuentan que desde entonces, cada uno de ellos vaga eternamente en solitario, cada uno en su órbita igual que dos satélites incapaces de coincidir jamás. Él gira sobre sí mismo, embrujado por cantos de sirena flotando en océanos de ego, ella da vueltas alrededor de otros astros con el alma ahogada en llanto. Hay momentos en los que pasan tan cerca uno del otro que alcanzan a verse, ella le mira con los ojos de una amante despechada, él, entre nebulosas, ignora su presencia y al de todos los demás, incluso ha olvidado su nombre.

Esta es una historia más de amantes y condena, impregnada de leyenda y folclore...

... ella de nombre Modestia, él de nombre Artista.

El Padrino

Este nº 4 de Absenta Poetas cuenta con los poemas de:

Marianella

Oscar Domínguez

Alen Kerish

Dori Campos

Juanjo Galíndez

Logan

Isidro R. Ayestarán

Mikel L.P.

Laura Sañudo

Pablo Santos

Angel Gómez del Pozo

La princesa Inca

Javier Perales