SENDEROS DE POETA, de Isidro R. Ayestarán

No se hicieron las tardes de domingo

para hablar de amores perdidos,

ni el horizonte de mi bahía

para ser camuflado por la neblina matinal.


Los rayos del sol se funden con el mar

bicolor entre crepúsculos y lágrimas vertidas,

y los solitarios no lo son menos por maquillar

artificialmente sus sonrisas de mentira.


Hay quien dice que los poetas naufragamos

en cada uno de nuestros versos,

y que como los buenos capitanes,

nos hundimos con nuestro barco,


y los hay también que se sientan a

contemplar el caminar errante de las musas,

el footing del alcohol en sus venas, y el calor

de aquel beso que ya se pierde a lo lejos.


No se hicieron las mañanas de lunes

para escribir poemas amparados en el recuerdo,

para ensordecer con el estruendo de los silencios,

apoyarme en el balaustre de la nostalgia,

y musitarle al viento que aún le quiero.


No, querido destino incierto,

no nacimos los poetas para dejarnos la piel

en este cruel sendero de letras plañideras mientras

nos lanzamos a la búsqueda de su encuentro.


El amor nos lleva delantera, compañeros…

Un par de páginas, por lo menos.


video

ROMANTICOS MALDITOS, de Javier Perales



El viento acaricia su cabello,
vuelvo la mirada hacia atrás,
vuelvo sobre los mismos pasos,
sigue siendo el escenario de siempre,
afortunado me hace sentir ver cómo
algunas cosas nunca cambian.
Aferrado al dolor visceral,
enredado en las cadenas de Andrómeda:
Iskander, un sueño,
Leónidas, inalcanzable.
Esta noche las ondas no paran,
silban melodías conocidas e inspiradas,
pocas, muchas, quizás demasiadas.
De frente, de espaldas, de costado,
jugándose la vida en cada verso,
dejándose la existencia en cada esquina.
Pescadores de otros tiempos,
vestidos de época, reinos perdidos,
ángeles caídos.
Sin duda, sin prisa, sin pausa,
erráticos, vencidos, deprimidos, despreciados,
queridos por mí, siempre queridos; románticos malditos.

lámina: El caminante sobre el mar de nubes, de Friedrich (1818)

POEMA A LA ESTATUA DE UNA DAMA, de D. G. Rebollar


Todo ha sido un sueño,
dicen tus dulces labios,
que no tienen dueño,
ni son criado, ni lacayo
y me sirven de consuelo
cuando paso de soslayo
por el pasto de los sueños,
cuando caigo desmayado
al no poder volver a verlos,
ni sentirlos, ni tocarlos,
imaginando su fuego
sin quemarme ni prenderlos.
Por ello, por no tenerlos, muero
víctima de mi propia daga
forjada en tu mismo acero.
¡Adiós, extaña dama!
¡Yo os espero en el cielo!
ilustración de Pablo Santos

MORIR EN VENEZIA, de Mikel Lado


No es triste ver atardecer en Venezia,
ni estar sentado solo, tomando un expreso
junto al reflejo sobre el agua del sol,
no, no es triste morir en Venezia.

Lo triste no es morir en Venezia
por egoísmo, traición, vendetta o despecho,
lo triste es cuando te arrebatan la vida,
máscaras que un día, rostros amigos fueron.

Lo triste es no poder ver ese azul marino,
los canales con el agua de mar de la laguna,
lo triste es verlo todo, enturbiado por puñales
y la sangre de la herida, que por la espalda brota.

Lo triste no es ver llorar sobre Venezia,
lo triste es levantarse cada mañana,
cansado de ver en el reflejo de la ventana mojada,
la risa maliciosa de las cenizas de tu pasado.

Lo triste no es que llegue una vida nueva,
lo triste es que otra, solitaria, se tambalea
muchas sonrisas, ajenas a una lágrima,
carnavales con la máscara de la tristeza.

Lo triste no es morir en Venezia,
lo triste es haberla tocado, haberse empapado
con el agua de sus canales, de toda su belleza
y saber que ya no volverás a recorrerla.

Lo triste no es cómo te reciba,
lo triste es siempre una despedida,
y un tren que parte de Santa Lucía.

ELEGÍA DE SENTIMIENTOS, de Soledad Bezanilla

Derrama mis nubes blancas
para que el sol caliente mis venas
y fluya la sangre para que mi cuerpo
brille entre las miradas perdidas,
bailame la vida y el tiempo que pasa
entre los rincones de mis ojos cuando hablan.
Dejame flores en mis manos
para abrir puertas a los días
que lían las noches.
Entregame noches que se confundan
en tu pelo,dame las huellas
de tus manos,la sal de tus labios
la hiel de tu tristeza
las cicatrices de tu vida
regalame tu voz,bálsamo de mis heridas
las lágrimas,la sonrisa de tu alma,
la piel azucarada de la sabia de tu cuerpo
el tiempo que te atrapó
y el que te dio calor.
Déjame abrazar tus pensamientos guardados,
las perdiciones,el cielo,tus silencios,tu ser,
dejame pensar que estás a mi lado,
que no te has ido todavía
que aún estás conmigo.
Que tu mirada
se dirige al mismo camino que la mía.

MEDITACION, poema e ilustración de Pablo Santos


El vaho interior que eleva
mis pasos levemente, dulcificándolos.
El sutil hormigueo medular
que desemboca en mi cabeza
como murmullo latente.
Mi cuerpo, ligeramente más libre que de
costumbre.

¿DE QUE HABLAN LOS POETAS?, de Oscar Domínguez

¿De qué hablan los poetas?
Ellos lo hacen de flores que crecen
embelleciendo el fondo de una sima,
de un nuevo color con el que se pintan las nubes
del agua dulce que se destila de los labios
de luces que se apagan por la noche.

Hablan de los silencios que evapora un verso
de un sentimiento de hormigón
del miedo que existe en una pausa
del significado de un te quiero
de las excusas por culpa de un latido
y de formas distintas de sentir una emoción.

Lo hacen del amor escondido en una esquina
del ojo guiñado por las farolas
de un carmín que oculta la tristeza
de la pasión como una nueva metáfora,
hablan de la realidad que soñamos
y de los sueños cumplidos con los ojos abiertos
de un corazón a la espera de noticas
y de las taquicardias que tú provocas.

¿De qué hablan los poetas me preguntas?
Del todo que parece nada
y de la nada más absoluta,
de la tristeza ocultándose debajo de un pañuelo
y de besos prometidos tras un engaño,
hablan del peso que tiene proyectos sin futuro
y de la levedad con la que vuelan las palabras
de los rayos del sol ocultos por la tormenta
y del amor sobre tu espalda.

¿De qué hablan los poetas?
De las ventanas que existen en los muros.
Del miedo a que el fuego que incendia sus vidas
sea entre sus manos como escarcha.

AUTORETRATO EN VINILO, de David Bustamante (Speedball)

No quiero agitarme,
no quiero ponerme nervioso,
sólo quiero ir más rápido;

hacer que mi cabeza huya a toda velocidad lejos
de mi cuerpo, libre,
ligera,

saltar dentro de un agujero negro
de vinilo y esconderme en sus microsurcos
como el conejo de Alicia,

sentirme un poco Brian Jones
mientras ellos andan paseando sus armas por ahí
disparando contra todo lo que se mueve.

Voy a quedarme quietecito aquí
hasta que se les acaben las balas y no puedan hacerme más daño.

Mi cuerpo será un retrato de Dorian Gray
arrugado y dolorido;
me dirán: puedes creer, pero no podrás esconderte.
Pero mi cabeza tiene quince años
y es más rápida.

Lo malo es que algún día mi cabeza volverá al cuerpo
y eso es algo bastante jodido,
porque ese cuerpo viejo y seco, le queda pequeño
a mi cabeza de estrella
y ¿sabes?, duele mucho
apagar el brillo de una estrella
para caminar con los zapatos de un mendigo.

PSICOSOMA-PAPILLON, de La princesa inca

De la noche;
Vuelve cada trozo de la estructura mórfica de mi esqueleto.
Somatizo La Sombra formándose una mariposa
negra en la base de la lengua,
donde descansa el diazepan, el frenillo.
Una mariposa negra que rebota en mi paladar
pidiendo salir a la luz...
Sería hermosa la imagen de la mariposa escapando
de la jaula de los dientes...
¡Volar liberada hasta El Cielo común
o hacia El Cielo mutado en ladrillo que hay dentro de mi casa!
¡Hermosa la imagen de la mariposa negra liberada!...

¡Más no...!

No, esta mariposa ha de ser pasto de la saliva y el diente,
el colmillo la pide, la boca la saborea como hija suya...
¡Que lo es!...
Pues la ha creado mi cuerpo por influencia de La Mente.
¿La Mente? ¿La influencia?
Mis hijas mariposas deben ser devoradas por su madre.
Su madre; ¡Presente!; Yo misma;