SOBERBIA de Ángel Gómez del Pozo

Torcidos surcos etéreos
gravitan desvalidos en la calma erguida
mientras un repicar de campanas estalla en tumba sorda.
Es el tañido que me arrastra, me deslumbra, me enajena,
y de pronto, me convierte en:
Ese gigante de cristal que huele a irreverencia,
insumiso a su condición de polvo y barro.

En corona de cartón
que ostenta encarnar a un dios
bebiendo copas de ambrosía en olimpos prestados,
vistiendo harapos de gala sin lavar su cuerpo.
En la encumbrada yedra que trepa en edificios subterráneos,
enjaulada en su afán por alcanzar los imposibles vuelos
del águila disecada.
En héroe de leyenda, tímpano sombrío,
bastón de mando, cantar de gesta, en lazarillo ciego.
En producto imperecedero
embelesado en espejos de malvadas madrastras.
En profeta del pretérito,
en fábula sin moral ni moraleja,
en el sonido del silencio ajeno.

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