EL VIENTO NO TIENE MIEDO de MIKEL LADO PEÑA



Ruge sin temores el ocaso de un viento envenenado,
como si fuera gris cabello de una Venus olvidada,
que se aferra al recuerdo de su tardía primavera,
mintiéndose a sí misma, en la edad que la lleva y queda.

Sopla animoso desde el este, el aire que trae tu nombre,
como una alucinación que se torna en apacible ensueño.

Brama el sur maniático, dulcificado de cielo azul celeste,
con la ferocidad pavorosa de una vieja fiera arrinconada
entre la desdicha de los papeles, que arrastra impotentes,
y la locura que se cierne sobre el alma de ciertos seres.

Miente con sus vanas promesas el cobarde hálito del oeste,
que me arroja sobre la frente, la arena que se escapa del tiempo.

Atronó muriendo de arrogancia el duro viento del norte helado,
como si las puertas se abriesen y su aire escapara del Valhala,
y soplase intenso sobre nuestras sorprendidas y azuladas caras,
anunciando que hay dioses, que no nos olvidan desde Asgard.

Ruge sin miedo el viento que borró de mi todos los anhelos,
y me dejó, sentado y solitario, sobre la herida de tu recuerdo

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