LA SINFONÍA de AVALON



Por tu piel me muero,
culpable tu cuerpo del profundo deseo.
Con tu saliva me quemo,
con tus murmullos me abraso
en las llamas del infierno.

El aire se licúa con el aroma del deseo,
el espacio se detiene y se paladea,
cada segundo un fragmento
que todo lo gobierna y domina,
predecesor en la vorágine del resto.
Pastoso almíbar en la boca y en el cuerpo.

Dulce y embriagador maná
se derrama y se provee generoso,
conocedor y ávido de ser delectado
en ardiente envoltura y untuoso sustento.

Roce, fricción, aturdimiento,
irreal fantasía de gozo y tormento,
voraz partitura interpretada
en coro de voces sediento,
hasta callar majestuoso en manso silencio.

Celestial concierto,
estruendo de aplausos,
virtuoso genio el maestro.

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