DESNUDO, poema y fotografía de Isidro R. Ayestarán


Ovillo corporal de miseria humana,
tendido en la lona del ring manchado de sangre,
sorteando los golpes sin guantes de la vida,
humillando la mirada en mi alcoba perdida.

Refugio mis recuerdos del rencor del silencio,
respiro mi aroma sediento de tus besos,
mi frágil cuerpo que te añora, mis brazos
que no abarcan más que un punto en el infinito.

Desnudo de tus palabras, de tu acto de amor
eterno, inspirador mil veces del aliento certero
en el caminar errante del poeta mudo,

del viejo trovador que canta en un solo a la luna
la estrofa del verso destruido, el poema del
abandono de lo que fuimos, de todo aquello que hemos sido.

Y tú... tan lejos todavía,
que esta memoria se olvida del nombre de tus ojos,
y si es que alguna vez tuvo poder tu mágica sonrisa.

Y yo... reconvertido en un ornato en aquella
página en blanco lista para mis letras,
si es que me dejas que te las escriba,

si es que me dejas vestir de nuevo
al poeta desnudo que vive en la eterna carencia,
en el recuerdo de un simple beso,
bajo el resplandor cegador de una caricia.

Y desnudo de ti...
Y desnudo de vida...
Y desnudo de alma...
... y desnudo de mis propios versos.

RECUERDOS, de Javier Perales


¿Dónde están aquellas noches de hace años?
Perdidas en el tiempo de un instante,
al abrigo del son de mar.
El húmedo y cálido sabor de tu saliva,
clandestino placer que me hacía sentir humano,
bendito como maná cubriendo un suelo estéril,
libre flotaba en mareas de gente disoluta:
"amanece que no es poco".
Con la niebla en los ojos, sobre el pelo,
entre los dientes.
Colecciono miradas a deshora,
me atraviesan, me sentencian
se apoyan y me abandonan.
Buscando un oasis aislado del mundo,
del todo, de todos.
Buscando calidez y complicidad,
sumergido en el oscuro laberinto de mis sábanas,
revolviéndome entre ellas.
Apoyado en una almohada vacía, pensando lastimado,
porque fue entonces cuando volví la vista atrás,
porque fue entonces cuando te eché de menos.

fotografía original de Jan Saudek

APOCALIPSIS, AHORA!, de Alen Kerish


"Y apareció un caballo pajizo, cuyo jinete se llamaba muerte (el abismo le acompañaba)." Apocalípsis 6,8

Mi vida es una pesada sombra
que arrastro en el camino
hacia un lugar incierto.

Tu amor me debilita
y me llena de culpa,
mi orgullo y mi egoismo
roen mis entrañas impacientes.

Al menos, mi alma y mi corazón,
mi dignidad y mi honor
se fueron contigo.

Mi amor está peor que muerto
pues te echa mucho de menos,
yo soy su verdugo.

¡Despréciame! ¡Ódiame!
porque eso me hará más fuerte.

¡Adelante Jinetes!
sembrad mi absurdo mundo
de hambre, guerra, peste y muerte.

fotografía original de Mark Sink

AL MAR, de Juanjo Galíndez

Extraído de su poemario "La torre del verbo", el vídeo recoge el momento en que recita "Al mar", acompañado a la guitarra por Sesi (autor de las ilustraciones del libro), en la presentación del mismo en el Ateneo de Santander el pasado mes de noviembre.

video

M, de Mikel Lado



Raíz luminosa de unos ojos
que no escuchan, no hablan,
ni tan siquiera parpadean
tan sólo se te llevan
de lo más profundo del alma
el inútil anhelo
de dejar de ser
un yonqui de tu mirada.
fotografía original de Isidro R. Ayestarán

ATAUD, poema e ilustración de Katho



Correrán las calles hacia ti
a devorar las letras de tu nombre
sin descanso
las nubes tejerán lianas de humo sobre tu
cuerpo
y las rosas serán amarillas y las mariposas
rojas
mientras tus dientes esbozan una última
sonrisa.


Los cínicos ríen
no con la luz de lo honesto
lo único honesto en ti es tu cinismo.
Se cerrarán las calles y se olvidarán de ti
mientras tu pelo caerá sin remedio.
Las nubes no retornarán al humo de tu
cuerpo.
Las rosas serán semillas y las mariposas
gusanos.


Sin remedio,
se arrastrán sobre tu cadáver.

CON UNA ROSA EN LA BOCA, de Oscar Domínguez


Te pienso entre semáforos en rojo
y taxis ocupados,
entre luces de cruce y rotondas interminables,
en la cantidad de preguntas
que aparecen en tu mirada de tigre
enjaulado en su propia sensibilidad.
Te pienso entre el tráfico pesado en hora punta
y mis pocos kilos de peso,
en la losa de una duda
atrapada como una mariposa azul entre los labios,
entre la vida que sufrimos y la que pensamos
disfrutar juntos,
entre el poema Completamente Viernes
aunque nuestro amor es un lunes por la mañana.
Te sueño con el hombro desnudo mientras mi mano
es un tirante de seda descolgado,
entre acordes de Arjona sin daños a terceros,
con las respuestas más convincentes sobre la mesilla,
te sueño con la autopista libre de mis versos
y el peralte seguro de un sentimiento eterno.
Te sueño conduciendo mi vida y cediendo
el paso a tus labios,
entre detergentes y lavavajillas,
dándote los buenos días con bollería reciente
en el plato, mientras sonríes
al verme entrar en el cuarto con una rosa en la boca.

DESHOJANDO LA MARGARITA (VERSOS DE ADOLESCENCIA, 1974), de Angel Gómez del Pozo


Me entrego al mundo que te envuelve y se me escapa,
a la nostálgica sonrisa de tus labios,
a tu dulce y nítida mirada,
a esa luz que irradia tu semblante,
a tus contadas palabras...

Amo tu amor por imposible
mientras sigues ajena a mi voz
que en tu desierto clama.

Quiero seguir amándote en silencio,
pues, a pesar del vacío
de tu ignorada ausencia,
prefiero vivir con la sospecha incierta de que me amas
y aferrarme a la duda de flores deshojadas
que frustrar mi anhelo
resignándome a tu fría indiferencia.

UN POEMA, de Alen Kerish


No es que cuente los días
que paso sin verte,
es que cuando te veo
me acuerdo
instantáneamente,
mecánicamente,
de la última vez
que te vi.

El muro que oculta
mi sentir,
se llama indiferencia,
y al verte cae
como cayó Berlín.

Los recuerdos
se materializan en ti
y el oscuro pasajero
que siempre me acompaña,
a veces, te reclama.

Ahora que no hay nada
que contar,
siempre me salen las cuentas
que me pide el Diablo
cuando pienso en ti.
"Un clavo siempre saca otro clavo,
pero claro, a este paso
se los vamos a tener que robar a Cristo"

ilustración de Isidro R. Ayestarán

DIALOGOS DEL MAR, poema y fotografía de Sol Bezanilla


En estos años

que va segando el tiempo

la cosecha de los días

he saboreado tantas veces en mi boca

el aire salado de mi piel

debajo de mi ropa mojada

como para tener un Océano

dentro de mis entrañas.


He muerto y he nacido

con cada golpe de ola

en este mar de horizonte

de olas chocando en acantilados y costas

bravías y espumosas

como rocas de plancha de metal fundido,

la misma arena que labra

con sus venas de granos

fértiles de tiempo

de hipocampos

de Ulises de hoy y sus cantos de sirena,

el ruido agolpado que se estrella

en las paredes que desborda

es un diapasón de arena

cayendo en una acera,

es un diálogo del mar

de naturaleza que engendra

miradas de ojos azules y

pestañas de puntillas blancas.


XI MANDAMIENTO, de Marianella


Con qué derecho me llamas extranjera?
ni siquiera yo misma sé de dónde vengo
ni siquiera tú, sabes quien eres
seguramente,
claramente,
somos parecidas.
Los mismos miedos tenemos,
"Parimos con dolor y
nos ganamos el pan con el sudor de la frente".
Con qué derecho me llamas extranjera?
Ni tú, ni yo, pudimos elegir
ni los tacones altos
ni las chanclas
ni el chalet adosado
ni la choza de paja
ni amamantar a tus hijos
ni verlos morir por un trago de agua,
agua que sólo es agua
que tampoco eligió
ser comprada, ni vendida.
Con qué derecho me llamas extranjera?

fotografía original de Sebastiao Salgado

ESCONDIDA DEIDAD, de Juanjo Galíndez


Siempre quise morderte
entre las piernas.
Invadir mis labios
en la tupida entrada
de tu jardín secreto.

Saciarme de este sinsabor mordaz
con que hiciste agonizar mis deseos
y amarte, y entre sutilezas
y delicados fines morderte
y hacerte gritar.

Siempre intenté redescubrir
tu losa ente la hojarasca
que cayó del tiempo y la distancia,
siempre quise mirar hacia adentro
para averiguar si todo había muerto
porque me resistía a aceptar su final.

Siempre quise morderte
entre las piernas.
Enjuagar con tu vino mi boca
y embriagar mis sentidos
sin dejar de beberte
hasta olvidar que existo
y sin existir no dejar
de quemar con tu fuego mi paladar.

Siempre quise morderte
entre las piernas,
sin mirar al cielo
para no abominar su gesto.
Sin que nada se interpusiera
entre mi furtivo aliento
y tu escondida deidad.

Siempre quise morderte
entre las piernas.
Espirar mis ansias
vislumbrando si mereciste
mis pasiones,
si mereció mi interminable dolor
tu atroz indiferencia,

y aún siendo negativa la respuesta,
saber...
Cuál es tu sabor en realidad.

lámina: variante de "Tepidarium", original de Alma-Tadema (1881)