EDITORIAL ABSENTA Nª16 MAYO 2015



   Hubo un tiempo en el que nos creíamos que Él era la hostia.
Su actitud, su pose desahogada, su amaneramiento estudiado, en
aquellos días nos parecía natural. Acostumbraba a romper el hielo
con un sentido abrazo y una más que amistosa sonrisa, eran sus
formas de rutina. Pagaba con soltura la cuenta de cualquiera
agasajando con un abanico de halagos a todos los presentes en cafés
y locales de ambiente nocturno de todo tipo. Acudía a todos los actos
que la agenda le permitía, apoyando iniciativas y creando opinión,
siempre, siempre dejaba la puerta abierta, en especial a las damas.
Nosotros pecábamos de ingenuos, de recién llegados, caíamos bajo
su espectro de progre con aspiraciones de mecenas y pope de causas
a merecer. Poco a poco nos dimos cuenta que la luz del día no le
sentaba tan bien y sus aristas se fueron puliendo delante de nuestros
ojos hasta el punto de no dejar nada a la imaginación, se convirtió en
humano. Quedaron patentes sus carencias, su sentir interesado, su
imperfección de andar por casa. Agujeros en los bolsillos destilaban a
chorro en forma de excesos la anemia de una nómina demasiado
ajustada, las noches acabadas en madrugadas intentando deshojar la
margarita de territorios propios y ajenos, saltándose la veda en cada
ocasión. El reverso le ofrecía buscar el consuelo en solitario,
malgastando su fingido arte en pañuelos de papel que escurrían el
esperma acumulado. Con suerte conseguía acabar la velada de forma
estudiada flotando en lisérgicos sueños de color azul Viagra.
Prometía volver, presentándose de forma educada, con sus buenas
maneras, desgastándose en sociedad, explotando el cuento...
Sí hubo un tiempo en el que nos creíamos que Él era la hostia..
 
El Padrino
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